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El sicario

Autobiografia de un asesino a sueldo

Edited by Molly MalloyAuthor Alerts:  Random House will alert you to new works by Molly Malloy and Charles BowdenAuthor Alerts:  Random House will alert you to new works by Charles Bowden

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Synopsis|Excerpt|Table of Contents

Synopsis

“Todavía tengo problemas para recordar su rostro. Pero no me siento capaz de olvidar su historia”. —Charles Bowden.
 
Editado por dos de los más respetados escritores sobre el crimen y la violencia en México, El sicario es el testimonio de un asesino a sueldo que, afincado en el sangriento teatro del narcotráfico mexicano, secuestró, torturó y asesinó durante más de veinte años. Después de alejarse de tan terrible oficio y de entregarse a la religión, decidió contar su historia. El monólogo que emerge en estas páginas, estremecedor y sin precedentes, da voz a la violenta realidad que consume al país.

Esta confesión está motivada sólo por su negación a convertirse en una estadística más en el fracaso de México. En este libro, el sicario no sólo describe la tortura y el asesinato: deja al descubierto la corrupción total del Estado mexicano. En su mundo, el terror y la masacre son simples herramientas tanto para los cárteles como para la policía mexicana.

Hoy vive en Estados Unidos como fugitivo. Un cártel ofrece 250 mil dólares por su cabeza. Otro lo busca incesantemente para reclutarlo. Habla como hombre libre y por voluntad propia: no existen cargos contra él ni en Estados Unidos ni en México. Es una voz solitaria. Hay miles como él en México y habrá más en otros lugares, pero nadie con sus antecedentes ha dado hasta ahora un paso al frente para contarlo todo. Él es la verdad que nadie quiere oír, la cara escondida de la guerra contra el narcotráfico.

Excerpt

Prefacio
 
Charles Bowden
 
Él es difícil de recordar. He lidiado con él la mayor parte del año, cuando llega la siguiente cita. Como es habitual, viene retrasado. Las citas son siempre complicadas y nunca empiezan a tiempo. Él va llamando, cambiando la hora y el lugar, y al rato vuelve a cambiarlo todo y el reloj sigue avanzando. He tenido que acostumbrarme a estas complicaciones.
 
Pero lo que me sigue molestando es que no puedo recordarlo. Su cara es un espacio en blanco en mi memoria.
 
Está de pie, frente a mí, explicándome algo. Es una avenida llena de carros pero él se las arregla para hablar y analizar simultáneamente todo lo que sucede alrededor. En aquella ocasión quería hacerme ver que había una larga historia detrás y que él la conocía. Hablaba de una casa en la ciudad de Chihuahua, donde una mujer fue retenida durante cinco días y cómo, con el fin de convencer a su marido, le cortaron tres dedos de la mano. Me ofrece documentos para que entienda de qué está hablando. Luego se sube a una camioneta que nunca le había visto y se va.
 
Al final se me pasa el malestar que siento cuando quiero recordar su aspecto. Poco a poco voy forjando su cara a pesar de la habilidad que tiene para transformarse frente a mis ojos. Parte de esto se debe al hecho de que no puedo describirlo con precisión sin poner en riesgo su vida. Pero sobre todo se trata de otra cuestión: posee un aspecto normal. Nada en su apariencia indica lo que ha sido y lo que ha hecho. Creo que a menudo utilizamos palabras como “maldito” y “monstruo”, con el fin de no admitir que la gente como el sicario es normal, igual que tú y yo. Con todo y ese aspecto, de alguna manera se las arreglan para secuestrar personas, torturarlas, matarlas, cortarlas en pedazos y enterrarlas, cuando el resto de nosotros no puede imaginarlos haciendo tales cosas.
 
Recuerdo cuando explicaba este hecho a un periodista de un diario de Milán, en Italia, después de que la película, basada en el núcleo de este libro, se estrenó en Venecia. El periodista empezó a gritar: “No, no, no, no, no”.
 
Esta historia es, desde mi punto de vista, una rara oportunidad de conocer a esta persona y al fin entenderla. No es una defensa de su vida ni un juicio sobre ella; es la explicación dada por un hombre que ha hecho todas estas cosas y, por lo menos hasta ahora, ha vivido para contarlo.
 
Este libro es el resultado de muchos días de entrevistas. Algunas partes han sido reorganizadas, pero no mucho. Se trata de un hombre muy lúcido. Recuerdo la primera entrevista: hice una pregunta y él habló durante dos días sin vacilaciones. Como la mayoría de las historias que la gente hace de sí misma, su narración es un viaje de la inocencia al pecado y luego a la redención, que en su caso consiste en haber nacido de nuevo en Cristo. Ésta es su historia —se trata de una vida mexicana, no de una vida estadounidense.
 
Las entrevistas comenzaron como un reportaje que terminó publicándose en la revista Harper’s y continuaron como película, en un documental sobre su vida, que dirigió el cineasta italiano Gianfranco Rosi. Este libro comenzó con las transcripciones para el rodaje, en dos periodos que duraron muchos días. Se le pagó por estas entrevistas. No creo que se haya cambiado nada de lo que dijo o de lo que él cree, pero el lector será quien juzgue esto.
 
Yo creo que él será parte de nuestro futuro. Los asesinos como él se están multiplicando. La economía mundial ha llevado a muchos a la ruina, y él es el pionero de un nuevo tipo de persona: el ser humano que mata y espera ser asesinado, y tiene pocas esperanzas y ninguna queja. Él no se ajusta a nuestras creencias o ideas. Pero existe, como existen los otros que se encuentran siguiendo este camino.
 
Su historia es sobre el poder, pero en realidad él nunca tiene el control. Debe preocuparse por sus superiores, debe preocuparse por los otros asesinos, por la policía, el ejército y todos los agentes de la violencia que a veces son sus colegas, aunque nunca puede confiar en ellos. Él debe preocuparse. Su mundo no es como se imagina en las novelas o en las películas. Él es siempre el hombre que viene y te secuestra y te tortura y te mata. Pero está siempre preocupado, porque su trabajo se basa en la incertidumbre. Alianzas que cambian, colegas que desaparecen —a veces porque él los asesina— y rara vez sabe lo que realmente está pasando. No ve más que pedazos del campo de batalla.
 
Desde que apareció mi artículo original en Harper’s ha habido algunas preguntas.
 
Algunos dicen que lo inventé.
 
Tú eres el juez.
 
Algunos me preguntan si es un psicópata o sociópata o tiene alguna otra patología.
 
No.
 
Algunos me dicen que esperan que arda en el infierno. Casi siempre me dicen esto aquellos que no creen en el cielo ni en el infierno.
 
No lo comparto.
 
Algunos me preguntan si tenía miedo.
 
Sí, por lo que me dijo y por lo que tuve que enfrentar como parte de mi mundo y mis esperanzas para este mundo.
 
En 2007, 307 personas fueron asesinadas en Ciudad Juárez, una urbe que cumplía entonces 348 años de edad. Aquél fue el año más sangriento en la historia de la ciudad.
 
En 2008, 1 623 personas fueron asesinadas.
 
En 2009, 2 754 fueron asesinadas.
 
En 2010, 3 111 fueron asesinadas.
 
Al mismo tiempo, El Paso, Texas, la ciudad que está del otro lado de Ciudad Juárez, fue experimentando de 10 a 20 asesinatos al año. Este número se redujo a cinco en 2010, y dos de ellos fueron un asesinato-suicidio.
 
Los informes de Estados Unidos fueron sobre el riesgo de que la violencia se extienda del otro lado de la frontera. Sin embargo, había pocos informes sobre la violencia en Ciudad Juárez.
 
La historia del sicario es de una época anterior, que terminó en 2007. Trabajó en los días inocentes, cuando México era pacífico y una historia de éxito para todas las naciones. Él vivía dentro de un sistema y explica de qué forma funciona este sistema. Ahora el sistema ha cambiado, se ha vuelto más violento, más corrupto y más descontrolado. Sin embargo, persiste, y en México deben aceptarse los hechos de la vida que el sicario ha vivido.
 
Mató a cientos de personas —no puede recordar a todas— y se le pagaba muy bien por su trabajo. Está altamente capacitado y es muy inteligente. Y me parece que no seré capaz de recordar su cara.
 
Me aburro esperando, así que camino por el estacionamiento de Home Depot y miro las parrillas para hacer barbacoa. Después de un tiempo, me siento en un banco junto a la puerta. Mis ojos flotan sobre los carros que desbordan el estacionamiento —le gustan los lugares con mucho tráfico para enmascarar su llegada—, estudian los vehículos que se mueven buscando un lugar. Sé que es una pérdida de tiempo, porque cambia de carro en cada viaje. Se enorgullece de este hecho, de que nadie puede dar con él si sigue su vehículo. Nunca revela dónde vive. Se muda cada dos o tres semanas, a veces más a menudo.
 
Esto es necesario, por las huellas. Una vez se largó sólo 60 minutos antes de que llegaran las personas que lo buscaban.
 
Pero aún así, lo que más me sorprende es la inexistencia de su rostro en mi memoria. He estado vagando por su mundo durante más de 20 años y me he acostumbrado a los nombres falsos o a los no nombres, he aprendido a nunca hacer ciertas preguntas y a memorizar caras, palabras, cualquier pista que cae delante de mí.
 
En su caso, sigo con las manos vacías. Conozco su apodo debido a que por accidente cayó de los labios de alguien. Pero no sé su verdadero nombre. He orado con él, pero no puedo identificar su iglesia. Él sabe mucho acerca de mí. Sabe investigar y se zambulle en internet con facilidad. Esta costumbre ayudaba en su trabajo. Durante años estudió al detalle a las personas que iba a secuestrar, torturar y matar.
 
Este hábito evidencia la cautela con que trabaja. Sabe que las personas que irán a matarlo tendrán las mismas habilidades y peinarán el área durante las mismas horas hasta dar con él. Sus números de teléfono tienen una vida muy corta, sus direcciones de correo electrónico cambian en forma constante.
 
Recuerdo que una vez pasé unos días con él, y luego, una o dos horas después de haberlo dejado, su número de teléfono murió para siempre. Todo esto tiene sentido, porque el precio de su cabeza es por lo menos de 250 000 dólares y va en aumento. Además de este hecho, otra organización criminal lo está buscando para ficharlo.
 
Sin embargo, ningún sistema es perfecto. Cada vez que lo descubren, huye a más de mil quinientos kilómetros hasta que las cosas se calman. Recibe informes —no he preguntado cómo— sobre las personas que lo buscan. Siempre sabe más que las noticias de los periódicos, aunque parece que no tiene contacto con el mundo de todos los días.
 
Es un día soleado, de fin de semana, y los compradores que entran a Home Depot parecen relajados, refugiados en sus ensoñaciones de jardín. En semejante ambiente él tendría que destacar como un pulgar adolorido, pero no lo hará.
 
Me quedo mirando el suelo delante del banco y espero. De repente, alguien está de pie delante de mí. Miro hacia arriba y no estoy seguro de quién es esa persona.
 
Por supuesto, es él. Así pasa siempre. No usa disfraz ni maquillaje, ni varía su vestuario. No es nada memorable. Nos palmeamos las espaldas, reímos y luego nos vamos. Los planes cambian siempre en el último instante. Buscamos un lugar para hablar y recorremos tres lugares antes de que él insista en ir a un motel específico, a la habitación 164. He aprendido a no preguntar por qué.
 
Dada la naturaleza de este libro, hay ciertas cosas que no se pueden hacer. En primer lugar, no es mi libro ni el libro de Molly Molloy. Más bien es el libro del sicario, y debe ser contado en sus propias palabras, sin la pantalla protectora de un narrador que lo explique. Se trata de un guía claro e incisivo hacia su mundo, y no hay necesidad de vestir su lenguaje. En segundo lugar, tenemos que tomar en cuenta que este libro es más una canción que un manual, y como toda canción crea una realidad, y en esta realidad están todas las respuestas. En esta realidad todo es contestado bajo dos condiciones: la muerte y el poder. Por ejemplo, en el secuestro inaugural, conforme la historia avanza, se pone de manifiesto que nadie regresa, en esencia, de ese infierno. Y por lo general a las familias no les devuelven ni el cadáver. También, cada problema se soluciona con un chanchullo. Pierdes tu tarjeta de inmigración y listo, se arreglan las cosas para que obtengas una nueva. Sicario nos lleva a la verdadera América Latina, que no es un lugar de realismo mágico, sino un lugar de realismo criminal.
 
El propósito de este libro no es responder preguntas de los lectores, sino llevar al lector a una nueva realidad, ésa en la que las preguntas de un lector normal son siempre absurdas, porque ha entrado en un mundo de terror y corrupción totales. El lector no está mirando a la cara del sicario, pero sí el verdadero rostro del Estado mexicano, y en este lugar nadie se pregunta si un policía es honesto o corrupto, nadie se pregunta si un asesinato será investigado, y uno no pide justicia, sino que simplemente busca la supervivencia. En este mundo, las declaraciones de los presidentes de Estados Unidos sobre México no significan nada, porque insisten en un México que no existe y que nunca ha existido.
 
Éste es el regalo del libro: una verdadera voz entre las filas de las personas que realmente dirigen México. Esta voz ha sido discutida por otros de vez en cuando, pero nunca se había impuesto para hablar.
 
Este libro me recuerda, en cierta forma, a la Ilíada, un mundo encerrado y extraño que saca a flote las mentiras y las falsedades de nuestro mundo. En la Ilíada, los seres humanos son juguetes para el placer de los dioses. En este libro los seres humanos son juguetes que son torturados y asesinados por fuerzas invisibles, cubiertas por la máscara del Estado mexicano. Y en este mundo cada Aquiles o Héctor aprende esta realidad a medida que cae en los agujeros y se le cubre con cal.
 
Lo que tenemos es la naturaleza inenarrable del poder mexicano, y por una vez, finalmente, nos habla de nuestro destino y de nuestra ignorancia del mundo.
 
Hay que escuchar. No hay nada más que hacer.
 
He visto al público lidiando con el documental, el escenario donde el sicario ha descubierto su deseo de hablar. Al principio la gente se sorprende, luego siente miedo, y al final, más que preguntas, tienen demasiadas respuestas. Un director de cine mexicano me dijo: “El problema es que es demasiado claro, demasiado bueno, demasiado convincente. Nadie quiere creer en él”.
 
El arranque de la filmación se prolongó durante dos días.
 
Y poco a poco fue explicando que la habitación 164 era esencial porque ahí, alguna vez, había llevado un “paquete”.
 
Recuerdo que la habitación tenía una puerta roja. La cama, la cocina, la sala de estar con sillones —esta pieza parecía familiar y segura—. Yo había estado en cientos de habitaciones iguales a ésa, en mis años de carretera. Habían sido mi refugio después de largos días de reportear sobre esto o aquello.
 
Pero esta vez me había equivocado.
 
Habíamos entrado aquí para obtener algunas imágenes.
 
Él traía una agenda diferente.
 
Tenemos una vida que ha hecho un agujero en nuestra idea de la vida.
 
Él representó en ese espacio lo que había hecho, ahí mismo, a aquel hombre.
 
Todavía tengo problemas para recordar su rostro.
 
Pero no me siento capaz de olvidar su historia.

Table of Contents

Índice


Prefacio de Charles Bowden

Introducción de Molly Molloy

El yugo  

El paquete

Niño  

Adolescente  

Hombre

Hijo de Dios

El sistema y la vida

Epílogo. Autoexilio

Bendición
Charles Bowden

About Charles Bowden

Charles Bowden - El sicario

Seleccionado para el Lannan Literary Award de no ficción, Charles Bowden es aclamado por la crítica por libros como Down by the River, A Shadow in the City y Some of the Dead are Still Breathing. Editor contribuyente para las revistas GQ y Mother Jones, escribe también para Harper’s Magazine, The New York Times Book Review, Esquire y Aperture. Actualmente vive en Tucson, Arizona.

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“Todavía tengo problemas para recordar su rostro. Pero no me siento capaz de olvidar su historia”. —Charles Bowden.

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