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  • Los minutos negros
  • Written by Martin Solares
  • Format: Trade Paperback | ISBN: 9780307475367
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 (Spanish)
Los minutos negros

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Synopsis|Excerpt

Synopsis

Un policía muy poco inteligente debe investigar un crimen ocurrido veinte años antes.

Para resolver el asesinato de un periodista en la calurosa ciudad de Paracuán, Tamaulipas, en el Golfo de México, un policía muy poco inteligente debe investigar un crimen ocurrido veinte años antes. Sin embargo, a medida que se sumerge en los bajos fondos del puerto, empieza a dudar de la identidad del asesino que busca. ¿Será el mismo que mató a aquel grupo de niñas a mediados de los años setenta? ¿Fue el narco incipiente? ¿Un miembro de la siniestra y casi invisible policía secreta que asoló México durante decenios? ¿O sus poco honorables colegas en la comandancia? Por extraño que parezca, el caso parece invocar a la figura del misterioso escritor B. Traven, así como a uno de los mejores detectives de América Latina, el legendario doctor Quiroz Cuarón, a un cantante de música tropical con cara de angelito, a un elemento del FBI con peculiares ideas sobre los extraterrestres y a un inspector desaparecido en tenebrosas circunstancias. Entre el testimonio de un ex policía con un sentido del humor negrísimo y el de un tímido jesuita aficionado al vodka y a la mentira en dosis elevadas, el detective deberá explorar el enigma de su misión, con un agravante: la vida, en esta ciudad tropical, funciona como una oscura sinfonía donde todos los integrantes del coro tienen deudas con la ley.

Excerpt

MIL LAGUNAS TIENE TU MEMORIA

1

La primera vez que vio al periodista le calculo veinte anos, y calculo mal. Este, por su parte, supuso que el ranchero de camisa a cuadros tendria unos cincuenta, y acerto. Ambos viajaban al sur. El periodista venia de Estados Unidos, luego de renunciar a su empleo; el hombre de la camisa a cuadros volvia de una mision en el norte del estado, pero no dijo cual. Supieron que estaban Ilegando porque no se podia respirar.

Cuando iban por rio Muerto vieron un convoy de dos jeeps, al Ilegar a Dos Cruces los rebaso una pickup de judiciales y a la altura de Seis Marias les toco una inspeccion de la Octava Zona Militar. Un soldado con una linterna le indico al chofer que se orillara, este Ilevo el camion por un sendero de terraceria y se detuvo bajo la luz de un reflector inmenso, entre dos muros de costales. Al otro lado de la carretera habia una gran tienda de lona con un juego de radares, y mas alla tres docenas de soldados estaban haciendo calistenia. Mientras ocurria la revision, el periodista encendio la luz individual y trato de leer el unico libro que Ilevaba, los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, mas al minuto se sintio bastante incomodo y miro en direccion de las trincheras. Justo debajo de el, tras los costales de arena y la enramada de palmas, dos soldados le dirigian una mirada Ilena de resentimiento. No le hubiese importado de no ser porque ademas le apuntaban con una ametralladora de grueso calibre. El ranchero le dijo que lo mismo haria el si tuviera que pasar la noche a merced de los mosquitos, con un calor de cuarenta grados, agazapado detras de unos costales.

La inspeccion paso sin pena ni gloria. El sargento que los reviso lo hizo por cumplir el tramite y escruto el equipaje con flojera. Entretanto, el joven aprovecho que el camion se detenia para beber un yogurt, y le ofrecio otro al ranchero. En intercambio, el cincuenton le ofrecio unas galletas de maiz. El ranchero pregunto si estudiaba, y el muchacho respondio que no, que ya habia terminado, que incluso habia renunciado a su primer empleo: reportero en El Heraldo de San Antonio. Que pensaba tomarse un ano y vivir en el puerto, acaso despues volveria a Texas. Le mostro el retrato de una rubia, con el cabello peinado hacia atras. El ranchero comento que era muy bella, y que no debio dejar un empleo como ese. El periodista contesto que tenia sus razones.

El muchacho examino a sus companeros de viaje: le parecieron tipos rudos y sin letras. Estaban el ranchero de camisa a cuadros, desfajada para disimular la pistola; un fumador sombrio, que viajaba con un machete envuelto en hojas de periodico, y hasta atras, el que parecia el peor de todos: un gigante bigotudo, que comia naranjas sin pelarlas. Todavia los examinaba cuando Ilegaron al segundo reten.

Desde que vio las pickups estacionadas sobre la linea intermitente de la carretera se hizo a la idea de que el trato iba a ser descortes y prepotente, pero se quedo corto. Los desvio un oficial con bigotes de aguamielero, que alzo con la misma mano la placa y la pistola. Tras el, todo el escuadron bebia cerveza, recargado en las camionetas. Usaban lentes oscuros, aunque no habia amanecido y vestian de negro, a pesar del agobiante calor. Por alguna razon su desparpajo lo inquieto mas que la aparicion de los soldados. El, con sus lecturas piadosas en la punta de la lengua, dijo: Cuan grande es la capacidad y redondez del mundo, en el cual estan tantas y tan diversas personas. Ya se daria cuenta de que lo unico blanco que habia en su alma eran las iniciales de la PGR, impresas sobre las playeras.

El jefe dio instrucciones y un gordo subio al autobus. Lo seguia un chavito con un cuerno de chivo. Ninguno era mas viejo que el, al segundo ni siquiera le salia bigote. El periodista tuvo la impresion de que era el primer autobus que examinaban en su vida. El gordo les mostro la placa como si fuera a bendecirlos con ella y pidio que no se moviera nadie: iban a hacer una inspeccion de rutina, que para nadie lo fue.

Camino a lo largo del pasillo y les dedico dos miradas a los otros pasajeros, como si no pudiera creer que reconocia a individuos tan buscados. Era un gordo de poca fe, que ni siquiera penso en aprehenderlos. Luego subio a un perro pastor aleman que los olfateo uno por uno. En cuanto entro, el periodista percibio movimiento en los asientos de atras. Seguramente el fumador disimulaba el machete, el ranchero ocultaba su arma, el bigoton arrojaba un paquete por la ventana. Vana precaucion: era un perro muy inteligente. Fue hasta el final del camion y paso junto a los otros sin detenerse ni dudar. Solo se planto delante del joven, que estaba leyendo los Ejercicios espirituales. Entonces el gordo ordeno:

-Bajese.

Lo bajaron a punta de pistola, lo catearon como si perteneciera al cartel de Paracuan, lo humillaron con frases soeces y cuando dijo que trabajaba en la prensa lo obligaron a quitarse la chamarra: Ah, conque reportero, y la examinaron en busca de droga. Luego vaciaron su maletin sobre una mesa y el gordo se puso a esculcar. Le Ilamaron la atencion sus ropas y su grabadora, pero lo que mas le gusto fueron sus anteojos oscuros. El periodista dijo que estaba enfermo de la vista y debia usarlos por prescripcion medica, pero el agente se los quito de todas maneras. El del cuerno de chivo opino: Pinche mamon, y escupio en direccion de sus zapatos. Los demas sonreian.

-Andale-se ufano el gordinflon-, ya salio el peine.

En la mano ostentaba un cigarro de mariguana. Desde su asiento en el autobus, el ranchero meneo la cabeza.

-El cigarro no es mio-reclamo el muchacho-, ustedes lo pusieron ahi.

-Ni madres, cabron-respondio el gordo.

Cuando calculo que las vejaciones se pondrian peores, el ranchero se dijo: Es suficiente, y bajo del camion. Camino en linea recta hacia el jefe de los judiciales, que bebia cerveza recargado en la pickup. Al verlo, este dio un notable respingo:

-Pinche Maceton, que se te perdio por aqui?

-No mames, Cruz, es un escuincle.

-Ya tiene edad de votar.

-Viene conmigo.

El judicial solto un grunido de desconfianza, y le grito al periodista:

-A que viaja al puerto?

-Eh?

-A que viaja al puerto?

-Ahi voy a vivir.

-Vayase.

Colocaron sus cosas de vuelta en la maleta, excepto la chamarra y los anteojos. Cuando iba a tomarlos se atraveso el del cuerno de chivo:

-Aqui se quedan. Y andele, que se le va el camion.

Cuando el autobus arranco vieron que el gordo estrenaba los anteojos y que el otro se habia puesto la chamarra. Ademas, le faltaban mil pesos en la cartera.

-Es su dia de suerte-dijo el ranchero-; era el comandante Cruz Trevino, de la policia judicial.

El periodista asintio, y apreto la quijada.

Ya para Ilegar a la margen del rio, dos gigantescos letreros les dieron la bienvenida a nombre de la ciudad: el primero anunciaba Refrescos de Cola, y el segundo mostraba al presidente con los brazos abiertos. Tanto el como su lema de campana estaban perforados a balazos. Donde decia: Bienestar para tu familia, la luz se filtraba por los agujeritos.

Mientras cruzaban el puente, al ranchero le extrano que el periodista mirara hacia el rio con tanta curiosidad: eran las mismas lanchitas de siempre, y, mas alla, las inmensas gruas de los alijadores movian sus cuellos de dinosaurio en el puerto de carga y descarga.

Una vez en la estacion de autobuses, se dirigieron al sitio de taxis y compraron boletos. Mientras esperaban su turno, el ranchero observo:

-Cuando quieras transportar hierba, guardala en una botella de champu, enredada en un pedazo de plastico. Ni se te ocurra esconderla en una lata de cafe, es donde primero revisan.

El muchacho insistio en que la droga la habian sembrado en sus cosas, que el ni siquiera fumaba tabaco. Luego comento que estaba en deuda con el y le gustaria agradecerle. Con cierta incomodidad, el hombre de la camisa a cuadros le entrego su tarjeta: Agente Ramon Cabrera, policia municipal. El muchacho lo miro estupefacto, y el ranchero insistio en que abordara el siguiente taxi disponible.

Cuando el auto doblaba en la esquina, descubrio que el retrato de la rubia temblaba en el suelo: Debio caerse cuando pago. La levanto y la guardo en su cartera, sin saber para que.

Penso que no volveria a verlo nunca, y se volvio a equivocar.

2

Para el agente Cabrera el caso empezo el lunes 15 de enero. Ese dia el comandante Taboada tuvo una reunion con su mejor elemento, el senor Chavez. De acuerdo a la secretaria, discutieron, y Chavez habria levantado la voz. A media reunion el comandante se asomo por la gruesa persiana que separaba su despacho de la sala principal, examino con la vista a los presentes y eligio al unico subordinado en quien, segun el, aun se podia confiar. Es decir, al Maceton Cabrera.

El Maceton conversaba con las muchachas del servicio social cuando le dijeron que el jefe lo mandaba Ilamar. En el momento en que entro a la oficina del comandante el agente Chavez salia, y lo empujo con el hombro. Por fortuna el Maceton es un elemento pacifico, no devolvio la agresion y se reporto con el jefe.

-Deja lo que estes haciendo y me investigas al difunto de la calle Palma.

Se referia al periodista que encontraron muerto la manana anterior. La tarde del domingo, unas horas despues de ser reportado el cadaver, el agente Chavez logro detener al Chincualillo, en una accion relampagueante, con todos los elementos para encerrarlo quince anos. El culpable habria actuado solo y la motivacion seria el robo. Pero el comandante Taboada no se decia satisfecho:

-Me faltan datos: me averiguas que hizo el periodista en sus ultimos dias. Donde estuvo, a quien vio, que le dijeron. Si estaba escribiendo algo, quiero leerlo. Necesito saber en que andaba.

Para el Maceton Cabrera, que no ignoraba que el Chincualillo fue vendedor del cartel de Paracuan, la peticion de su jefe implicaba un problema de etica profesional:

-Por que no lo hace Chavez?

-Prefiero que tu te encargues.

El Maceton titubeo:

-Tengo mucho trabajo.

-Que te ayuden los nuevos.

El Maceton respondio que no, no seria necesario, que podia hacerlo el mismo . . . El Maceton no soportaba a los nuevos.

-Otra cosa-anadio el comandante-, ve a ver al padre del difunto, don Ruben Blanco, y te quedas en mi representacion al entierro. Es muy importante que te reportes con el, que sepa que vas de mi parte, y te quedas montando guardia hasta que todo termine. Esta en Funerales del Golfo, y apurate, porque lo van a enterrar a las doce. No tienes un saco?

-Aqui no.

-Que te presten uno, no vayas a presentarte asi.

-Algo mas?

-Si: discrecion, que nadie se entere en que andas.

Cabrera volvio a su escritorio y pidio a las muchachas del servicio social que le buscaran el texto de la autopsia. Las muchachas, que no tenian mucho trabajo que hacer, se pelearon por Ilevarle el informe. Se lo Ilevo Rosa Isela, una veinteanera de ojos color esmeralda, que se apoyo sobre el escritorio y, despues de entregarle el reporte, no le quitaba la vista de encima. El Maceton sonreia muy halagado hasta que ella comento que le recordaba a su padre. Al notar la incomodidad en el detective, la muchacha fue toda sonrisas:

-Le traje un regalo.

Era una libreta rayada.

-Y esto?

-Para que tire la otra.

Se referia al cuaderno que estuvo usando esos dias. El Maceton lo tenia tan repleto que a veces escribia sobre hojas que ya habia usado al menos en dos ocasiones, un verdadero palimpsesto, como se dice en lenguaje legal. Y es que el Maceton tuvo mucho trabajo en los ultimos dias.

-Gracias, amiga. No me traes un cafe?

Isela cumplio sus mas oscuros deseos y dejo la bebida sobre su escritorio. Hay que decir que el Ilevaba su propio cafe, porque el de la jefatura le parecia detestable. A los diez minutos entro Camarena, uno de los nuevos, a platicar con las chicas del servicio social. Camarena era un chico joven, alto, sonriente, que tenia exito con las mujeres. Ese dia ostentaba al menos tres besos junto a la boca: uno de ellos podria ser el de Rosa Isela. Camarena se preparo un cafe sin cafeina y se fue a su escritorio. Quien, que tenga dos dedos de frente, se pregunto el Maceton, puede aficionarse al cafe sin cafe?

Era un dia bochornoso. Intento estudiar el informe pero no logro concentrarse, y leyo sin prestar atencion hasta que lo interrumpio otro novato:

-Oiga, donde esta el cuarto de concreto?-Usaba anteojos oscuros en el interior de la oficina: Cabrera se dijo que los nuevos lo desconocen todo sobre esa institucion que son los lentes oscuros. Usarlos frente a un superior es una falta al respeto, y el Maceton le reprocho con el tono:

-Que se te perdio alli?

-Nada-el muchacho se bajo los anteojos-, me mandaron a buscar trapeadores. Esta chorreando su cafetera.

-Agarra el del closet, al final del pasillo; tu no tienes nada que hacer en el cuarto de concreto, entendido?

Su coche tiraba aceite, la cafetera chorreaba, que iba a seguir? Se iba a enfermar de la prostata, como amenazo su doctor? Quiza, a su edad, tendria que tomar menos cafe y mas agua pura. Pero podria vivir sin cafe? Luego de unas ideas deprimentes (una vision del mundo sin cafeina, el mundo como una larga laguna aburrida), por fin logro concentrarse en el texto.

El reporte indicaba que al periodista le cortaron el cuello de oreja a oreja, destrozando la yugular, y extrajeron la lengua por el orificio. En otras palabras, se dijo, le hicieron la corbata colombiana, para que no quede duda de quien fue el autor material. Desde que la gente del puerto se asocio con el cartel de Colombia, estas cosas comienzan a ocurrir cada vez con mayor frecuencia . . . Pensaba en esto, y al releer el reporte sintio que le quemaba la panza. Uchis, se dijo, en que me meti?

Cuando terminaba de leer el reporte su estomago volvio a grunir y se dijo que era una senal, no debia tomar ese caso. Pero el sentido del deber fue mas fuerte que el, y salio a buscar a Ramirez.

En toda la comandancia solo habia una persona que podia prestarle un saco de sus dimensiones, y era el perito Ramirez.
Martin Solares

About Martin Solares

Martin Solares - Los minutos negros
Martín Solares (México DF, 1972) trabajó en el mundo editorial mexicano durante bastantes años. En la actualidad colabora con la prensa cultural de su país y termina su doctorado en letras en la Universidad de la Sorbona en París. Ha sido editor de la selección de crónicas y relatos sobre crímenes Nuevas líneas de investigación (Era, 2003).
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“Un maravilloso y sobrecogedor debut… es una obra maestra disfrazada de novela policíaca y nada que haya leído este año se le compara”. —Junot Díaz

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