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  • La apelación
  • Written by John Grisham
  • Format: Trade Paperback | ISBN: 9780307475329
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 (Spanish)
La apelación

Written by John GrishamAuthor Alerts:  Random House will alert you to new works by John Grisham

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Synopsis|Excerpt

Synopsis

La política siempre ha sido un juego sucio. Ahora la justicia también lo es.
 
Corrupción política, desastre ecológico, demandas judiciales millonarias y una poderosa empresa química condenada por contaminar el agua de la ciudad y provocar un aumento de casos de cáncer, y que no está dispuesta a cerrar sus instalaciones bajo ningún concepto. John Grisham, el gran mago del suspense, urde una intriga poderosa e hipnótica, en la que se reflejan algunas de las principales lacras que azotan a la sociedad actual: la manipulación de un sistema judicial que puede llegar ser más sucio que los crímenes que pretende castigar.

Excerpt

1
    El jurado estaba listo.
     Después de cuarenta y dos horas de deliberaciones, que siguieron a setenta y un días de juicio con más de quinientas treinta horas de declaraciones prestadas por cuarenta y ocho testigos, y después de pasar una eternidad sentados en silencio mientras los abogados discutían, el juez los reprendía y los asistentes observaban como halcones a la caza de señales reveladoras, el jurado estaba listo. Encerrados en su sala, aislados y a buen recaudo, diez de ellos firmaron el veredicto satisfechos mientras los otros dos ponían mala cara en un rincón, apartados y desanimados por no haber impuesto su postura. Hubo abrazos, sonrisas y mutuas felicitaciones por haber sobrevivido a aquella pequeña guerra y poder, por fin, volver orgullosos a la palestra con una decisión tomada gracias a su absoluta determinación y a la búsqueda tenaz de un acuerdo. La pesadilla había llegado a su fin y ellos habían atendido su deber cívico. Habían cumplido de sobra con su obligación. Estaban listos.
     El presidente del jurado llamó a la puerta e interrumpió de un sobresalto el sueño de Uncle Joe. El viejo alguacil los había custodiado y, al mismo tiempo, se había encargado de las comidas, de oír sus quejas y de transmitir discretamente al juez sus mensajes. Se rumoreaba que de joven, cuando todavía tenía buen oído, Uncle Joe incluso escuchaba a escondidas las deliberaciones del jurado a través de una puerta de pino muy fina que él mismo se había encargado de escoger e instalar. Sin embargo, los días de escuchar habían quedado atrás y, tal como le había confesado a su mujer, y a nadie más que a ella, después de la tortura en que se había convertido aquel juicio en particular, colgaría su vieja arma de una vez por todas. La presión de controlar a la justicia estaba acabando con él.
    —Fantástico. Iré a buscar al juez —dijo con una sonrisa, como si el juez se encontrara en las entrañas del juzgado esperando una llamada de Uncle Joe.
    En realidad, y según la costumbre, fue en busca de una secretaria judicial, a quien le comunicó la buena noticia. Era muy emocionante: el viejo palacio de justicia nunca había acogido un litigio ni tan largo, ni tan importante. Habría sido una pena acabar sin llegar a una decisión.
    La secretaria llamó con suavidad a la puerta del juez y entró en el despacho.
    —Tenemos veredicto —anunció ufana, como si ella personalmente hubiera participado en las negociaciones y le ofreciera el resultado como un regalo.
    El juez cerró los ojos y dejó escapar un profundo suspiro de satisfacción. Esbozó una sonrisa feliz y nerviosa de auténtico alivio, como si no diera crédito a lo que acababa de oír.
    —Reúna a los abogados —dijo al fin.
     Después de casi cinco días de deliberación, el juez Harrison había aceptado la posibilidad de tener que disolver el jurado por no ponerse de acuerdo, su peor pesadilla. Tras cuatro años de demandas enérgicas y cuatro meses de juicio enconado, la perspectiva de un empate le ponía enfermo. No quería ni imaginarse tener que empezar todo otra vez, desde el principio.
    Se calzó sus viejos mocasines, se levantó de un salto son riendo de oreja a oreja como un niño y fue en busca de la toga. Por fin había acabado el juicio más largo de su variopinta carrera.
    La secretaria llamó primero a Payton & Payton, un bufete local de abogados formado por un matrimonio que había tenido que trasladar las oficinas a un local comercial abandonado, en un barrio alejado del centro de la ciudad. Un pasante contestó al teléfono, la escuchó unos segundos y colgó.
    —¡El jurado ya tiene veredicto! —gritó.
     Su voz resonó por el cavernoso laberinto de diminutos cubículos provisionales y sobresaltó a sus colegas. Volvió a gritarlo mientras se dirigía corriendo al Ruedo, donde todos sus compañeros ya acudían sin perder tiempo. Wes Payton ya estaba allí y cuando su mujer, Mary Grace, entró a toda prisa cruzaron una fugaz mirada cargada de miedo y desconcierto irrefrenables. Dos pasantes, dos secretarias y una contable se reunieron alrededor de la alargada y abarrotada mesa de trabajo, paralizados, mirándose embobados a la espera de que alguien dijera algo.
    ¿De verdad se había terminado? Después de haber esperado una eternidad, ¿acababa así sin más? ¿De manera tan imprevista? ¿Con una llamada de teléfono?
    —¿Qué os parece una breve oración en silencio? —propuso Wes, y todos enlazaron sus manos hasta formar un estrecho círculo y rezaron como nunca lo habían hecho.
    Dirigieron todo tipo de ruegos a Dios todopoderoso, pero la petición común fue la de depararles una victoria. Por favor, Señor, después de tanto tiempo, de tanto esfuerzo, dinero, miedo y dudas, por favor, te ruego que nos concedas una victoria divina. Sálvanos de la humillación, la ruina, la bancarrota y muchísimos otros males que acarrearía un veredicto encontra.
     La segunda llamada de la secretaria judicial fue al móvil de Jared Kurtin, el artífice de la defensa. El señor Kurtin es taba echado relajadamente en un sofá de cuero alquilado en su despacho provisional de Front Street, en el centro de Hattiesburg, a tres manzanas de los juzgados. Leía una biografía mientras mataba el tiempo a setecientos cincuenta dólares la hora. La escuchó sin inmutarse y colgó el teléfono con fuerza.
    —Vamos. El jurado está listo.
     Sus soldados uniformados con traje oscuro reaccionaron de inmediato y formaron para escoltarlo por la calle hacia una nueva victoria aplastante. Marcharon sin más, sin encomendarse a nadie.
    También se realizaron llamadas a otros abogados, luego a los periodistas, y al cabo de unos minutos la noticia ya estaba en la calle y se extendía a toda velocidad.
John Grisham

About John Grisham

John Grisham - La apelación

Photo © Maki Galimberti

Long before his name became synonymous with the modern legal thriller, John Grisham was working 60-70 hours a week at a small Southaven, Mississippi law practice, squeezing in time before going to the office and during courtroom recesses to work on his hobby—writing his first novel.

Born on February 8, 1955 in Jonesboro, Arkansas, to a construction worker and a homemaker, John Grisham as a child dreamed of being a professional baseball player. Realizing he didn't have the right stuff for a pro career, he shifted gears and majored in accounting at Mississippi State University. After graduating from law school at Ole Miss in 1981, he went on to practice law for nearly a decade in Southaven, specializing in criminal defense and personal injury litigation. In 1983, he was elected to the state House of Representatives and served until 1990.

One day at the DeSoto County courthouse, Grisham overheard the harrowing testimony of a twelve-year-old rape victim and was inspired to start a novel exploring what would have happened if the girl's father had murdered her assailants. Getting up at 5 a.m. every day to get in several hours of writing time before heading off to work, Grisham spent three years on A Time to Kill and finished it in 1987. Initially rejected by many publishers, it was eventually bought by Wynwood Press, who gave it a modest 5,000 copy printing and published it in June 1988.

That might have put an end to Grisham's hobby. However, he had already begun his next book, and it would quickly turn that hobby into a new full-time career—and spark one of publishing's greatest success stories. The day after Grisham completed A Time to Kill, he began work on another novel, the story of a hotshot young attorney lured to an apparently perfect law firm that was not what it appeared. When he sold the film rights to The Firm to Paramount Pictures for $600,000, Grisham suddenly became a hot property among publishers, and book rights were bought by Doubleday. Spending 47 weeks on The New York Times bestseller list, The Firm became the bestselling novel of 1991.

The successes of The Pelican Brief, which hit number one on the New York Times bestseller list, and The Client, which debuted at number one, confirmed Grisham's reputation as the master of the legal thriller. Grisham's success even renewed interest in A Time to Kill, which was republished in hardcover by Doubleday and then in paperback by Dell. This time around, it was a bestseller.

Since first publishing A Time to Kill in 1988, Grisham has written one novel a year (his other books are The Firm, The Pelican Brief, The Client, The Chamber, The Rainmaker, The Runaway Jury, The Partner, The Street Lawyer, The Testament, The Brethren, A Painted House, Skipping Christmas, The Summons, The King of Torts, Bleachers, The Last Juror, The Broker, Playing for Pizza, and The Appeal) and all of them have become international bestsellers. There are currently over 225 million John Grisham books in print worldwide, which have been translated into 29 languages. Nine of his novels have been turned into films (The Firm, The Pelican Brief, The Client, A Time to Kill, The Rainmaker, The Chamber, A Painted House, The Runaway Jury, and Skipping Christmas), as was an original screenplay, The Gingerbread Man. The Innocent Man (October 2006) marked his first foray into non-fiction.

Grisham lives with his wife Renee and their two children Ty and Shea. The family splits their time between their Victorian home on a farm in Mississippi and a plantation near Charlottesville, VA.

Grisham took time off from writing for several months in 1996 to return, after a five-year hiatus, to the courtroom. He was honoring a commitment made before he had retired from the law to become a full-time writer: representing the family of a railroad brakeman killed when he was pinned between two cars. Preparing his case with the same passion and dedication as his books' protagonists, Grisham successfully argued his clients' case, earning them a jury award of $683,500—the biggest verdict of his career.

When he's not writing, Grisham devotes time to charitable causes, including most recently his Rebuild The Coast Fund, which raised 8.8 million dollars for Gulf Coast relief in the wake of Hurricane Katrina. He also keeps up with his greatest passion: baseball. The man who dreamed of being a professional baseball player now serves as the local Little League commissioner. The six ballfields he built on his property have played host to over 350 kids on 26 Little League teams.
Praise

Praise

“Una novela que podría convertirse en el clásico que define una era”. —The Boston Globe
 
 “Grisham se centra en el absurdo, sin importar el lado del que estés, de las elecciones judiciales… La apelación ofrece un retrato real de un problema real. Y todo resulta tan entretenido por que está contado alrededor de una historia tan fascinante”. —The New York Times

  • La apelación by John Grisham
  • July 13, 2010
  • Fiction - Literary
  • Vintage Espanol
  • $16.95
  • 9780307475329

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